jueves, 6 de agosto de 2015

CUANDO CREÍA SABER TODAS LAS RESPUESTAS, ME CAMBIARON LAS PREGUNTAS

Cómo negar la resistencia natural al cambio, si parece venir en nuestro ADN. Es así, el ser humano parece estar programado desde siempre para que cualquier cambio, cualquier cosa que le sea nueva le produzca un terror increíble. ¿Quién no se ha quejado cuando Facebook ha cambiado su plataforma? Y aunque suene tonto este ejemplo, la resistencia al cambio es tan indiscutible que seguramente todos respondimos a esta pregunta: Yo.


Si tuviésemos que definir la vida en dos palabras muy puntuales, esas serían: cambio constante. Ningún nuevo día es igual al anterior aunque el clima esté igual o hagamos lo mismo; no importa qué tan encerrado estés en tu rutina porque siempre algo nuevo te ocurrirá, aprenderás o conocerás. Nuestra vida es como un río que no para de correr; fluimos a través del espacio y del tiempo queriendo saberlo todo; pero en el momento menos esperado y cuando creíamos saber todas las respuestas, el mundo nos cambia las preguntas.

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¿Deberíamos preocuparnos de algo respecto al cambio? Sí; de no reconocerlo o aceptarlo y de no estar preparados para él. Y es a partir estas respuestas que podemos construir este pequeño “manual” para enfrentar el cambio con todos los hierros.

Reconocer el cambio me permitirá aceptarlo
Empecemos teniendo claro que el cambio nunca viaja solo. Solemos temerle porque siempre anda acompañado de tres emociones que no queremos sentir: miedo, vergüenza y apatía. El miedo es el primero en golpear y por eso es lo primero que experimentamos; así que, cuando estemos en sus garras bastará con que nos preguntemos el porqué. Seguramente la respuesta tendrá que ver con la segunda emoción: la vergüenza. Al no saber a qué nos enfrentamos es común temerle por vergüenza de quedar como ignorantes; y así es que nace la apatía. Nos refugiamos en ella tratando de mostrar que no nos importa, pero la verdad es que sí.

CONSEJO: El miedo, la vergüenza y la apatía son más cobardes que tú, por eso atacan en pandilla. Simplemente párate de frente y rétalos.

Aceptarlo me permitirá estar preparado
El miedo, la vergüenza y la apatía son las supuestas fortalezas del cambio, esas de las que se vale para aterrarnos, pero en realidad son sus puntos débiles. Si reconocemos estas emociones entonces estaremos a solo un paso de aceptarlo. La mejor forma para cerrar el ciclo de aceptación al cambio es entendiendo nuestra primera premisa: la vida es cambio constante. ¿Para qué darnos mala vida cuando nos enfrentemos a algo nuevo? No existe la máquina del tiempo para cambiar el pasado o predecir el futuro; por eso ocupémonos de entender lo que ocurre hoy.

CONSEJO: El pasado es historia y el futuro es un misterio. Entrémosle con todo al presente y veremos con total normalidad todo lo que sea nuevo.

Estar preparado me permitirá vivir el cambio como todo un experto

Y esta es la fase final en la que entendemos que nada se pierde, solo se transforma. Cuando reconocemos y aceptamos el cambio simplemente nos estamos transformando; ahora somos guerreros con una nueva fortaleza: no nos intimidamos con lo nuevo. ¿Listos para dejar fluir la vida hacia el cambio?

SI LA CABEZA TE DICE UNA COSA


Decidí hacer una limpieza en mi vida  la semana pasada:

*.- Tiré “EL PREOCUPARME”, se estaba poniendo viejo y me estorbaba. Me impedía ser yo mismo, no podía actuar a mi modo. 

*.- Tiré esas INHIBICIONES, no dejaban lugar para mí. Hice lugar para mi nuevo crecimiento; me deshice de mis viejos sueños y dudas.

*.- Tiré un LIBRO SOBRE MI PASADO. Lo reemplacé con “nuevas metas” y empecé a leerlo hoy.

*.- Tiré LOS JUGUETES DE MI NIÑEZ. Conseguí una nueva filosofía y también tiré la de “MUCHO TIEMPO ATRÁS”.

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*.- Compré algunos libros nuevos llamados: puedo, haré y debo. Tiré el podría, haría y debería.

*.- Cogí algo especial y lo coloqué en la puerta principal. La encontré se llama “paz”.

Ya nada me puede abatir. Ahora mi casa esta preciosa, todo se ve bastante bien. Para preocupaciones y problemas, simplemente no hay lugar.

Es muy bueno limpiar tu interior; y deshacerse de tanta cosa que estorba hace todo más alegre… A lo mejor tú deberías tratar de hacer lo mismo. 


Anónimo

NO ERES TÚ, SOY YO...

No eres Tú, soy Yo...
¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.
Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.
Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.
Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.
No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.
Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.
Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:
"Necesito que Enrique me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo, pero si no lo hace... siento que me muero".
¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente ésa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros?
No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.
Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas. No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.
Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.
La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella... ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.
"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".

Este es un ensayo de Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra, sobreviviente del holocausto y el fundador de la disciplina; que conocemos hoy como Logoterapia