viernes, 3 de julio de 2015

¿POR QUÉ ARGENTINA-CHILE NO ES SÓLO UN PARTIDO DE FÚTBOL?

Los políticamente correctos, en todos los rubros, especialmente los intelectuales y periodistas, caen en la remanida frase ante un evento deportivo como el que vamos a apreciar el sábado a partir de las 17 hs. Se dice: “es sólo un partido de fútbol”. La frase no es que esté mal, se entiende, intenta disipar los chauvinismos, la discriminación y toda una serie de consignas que supuestamente “educan” al ciudadano para la paz y la integración. Estoy de acuerdo con la frase pero me permito ponerla en discusión y entre signos de pregunta, y decir: “no es sólo un partido de fútbol”. Eso es para los intelectuales progresistas y para la corrección política... esas frases que siempre pululan cuando se enfrentan selecciones nacionales.
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Pero en este caso, especial por cierto, hay que “atender los cantos de la masa”. Cuando digo “atender los cantos de la masa” no quiero decir que la masa cante la justa ni lo correcto. La masa, conceptualmente, es una forma de dilución de la identidad en un "nosotros" colectivo. Ese “nosotros colectivo” tiene que ver con la nacionalidad. Y, por qué negarlo, se enfrentan dos países “a través de sus selecciones nacionales de fútbol”. Es un enfrentamiento. Guste o no, la palabra “enfrentamiento” es correcta porque es en el campo de juego donde “se produce” el enfrentamiento. Los jugadores juegan, luchan, se pelean, representan. Sus camisetas “representan a los países”. Lo que sucede con la frase “es sólo un partido de fútbol” es la negación, sucede el negar lo que está en disputa. Más allá del resultado y lo que significa perder o ganar. Y ahí quiero ir. A lo que sucede cuando los que se sienten representados e interpelados como masa, hacen.
¿Qué hace la masa? La masa también juega. La masa quiere jugar y luchar y pelear como los jugadores en el campo de juego. Pero como no puede hacerlo materialmente, lo hace simbólicamente. Las masas argentinas y chilenas se enfrentan simbólicamente a través de un dispositivo de desplazamiento de viejos rencores que se activan en el reservorio de la memoria de los pueblos. Y particularmente en este partido, sabemos, el tema de las Malvinas es “el tema” que se activa. La masa, decía, juega el partido en el campo de lo simbólico, de los discursos de masa, de la lucha de sentidos. Y no tiene en cuenta lo que en calma y pensando, los intelectuales, hacen: reflexionar sobre las diferencias, diseccionar esas luchas.
Chile, en dictadura, apoyó a los ingleses en la guerra de Malvinas, nuestra causa nacional, puesta en valor cada vez más por este gobierno. En realidad, el pueblo chileno no tuvo nada que ver con ese entuerto de Pinochet con los ingleses. El pueblo chileno por ese entonces luchaba por la libertad…por así decirlo, por la recuperación democrática que recién conquistó en el año 88. No se le puede endilgar a un pueblo bajo una dictadura la responsabilidad de su dictador en ese tema. Nosotros, en Argentina, también estábamos en dictadura, y el pueblo argentino tomó esa guerra como propia, esa causa como propia. Es un tema complicado. Discriminar “la causa Malvinas” de las condiciones en que se asume popularmente esa causa bajo una dictadura que intentó perpetuarse en plena resaca, haciendo una guerra, mandando miles de pibes al muere. Es una guerra, o mejor, una causa, que nos duele. Y la masa, la masa argentina en un partido de fútbol, no tiene una ideología pura y definida sobre el tema. La masa tiene en su naturaleza tufo a fascismo. Porque quiere resolver en lo simbólico lo que un gobierno intenta por lo diplomático.
La masa también utiliza sus recursos, recursos de lo popular que no pueden evaluarse tan simplemente como de izquierda o de derecha. Utiliza la burla, el sarcasmo, la ironía. Eso nos remite a la masa en la Plaza Pública en la Edad Media, en el carnaval, cuando la dilución de la identidad permitía una transgresión simbólica del mundo feudal y se burlaban del rey y la reina, por un momento, dejando el mundo patas para arriba. Encorsetada revolución. En el fútbol la masa encorseta. Uno puede hacer una reflexión correcta sobre lo que estamos charlando pero cuando “se está ahí”, se canta con la masa porque la masa manda en su territorio. “El que no salta es un inglés”, en algún aspecto, es un reclamo antiimperialista de nuestro pueblo expresado por una masa de naturaleza fascistoide.
Esa contradicción no tiene resolución en un partido de fútbol… entonces, la plaza pública y el carnaval medieval. Se canta y se reclama a la vez. Y el enemigo en última instancia no es Chile, es el imperialismo. Lo que pasa es que jugamos con Chile, y la masa utiliza a Chile como chivo expiatorio. Es complicado, pero a la vez no. Hay que dejarse estar. No alentar la previa con el odio. Pero cuando la masa juega su partido, no escucha otra cosa que “su reservorio de rencores y dolores”. Los transforma en sarcasmo, discrimina, y en el mismo acto se auto discrimina. Una especie de espiral auto eliminatorio donde la violencia constituye al mito, al sacrifico, al ritual. Por eso no es sólo un partido de fútbol…aunque lo sea.

UN 90% DE LA POBLACIÓN MUNDIAL NO SABE PENSAR

Según los expertos, no nos enseñan a tener una mente abierta
Muchos lo sospechaban, pero no había datos fehacientes. Al menos hasta ahora. Sin embargo, Robert Swartz -doctor en el «National Center For Teaching Thinking» estadounidense- acaba de desvelar que entre un «90 y un 95 por ciento» de la población mundial no sabe pensar adecuadamente. Según explica, la razón debe buscarse en las escuelas, donde se enseña a memorizar, pero no a razonar y a resolver un problema haciendo uso de la creatividad.
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«Poca gente en el planeta ha aprendido a pensar de forma más amplia y creativa. […] El progreso de la humanidad depende de este pensamiento», ha determinado el experto. Swartz ha lanzado este dato apenas un mes antes de viajar a Bilbao, donde se reunirá elICOT –el mayor congreso nacional sobre inteligencia- los días 29 de junio y 3 de julio. En él, este científico pretende demostrar que es posible reflexionar sobre el uso del pensamiento en las áreas deeducación y deporte –entre otras-.
Concretamente, este experto en pedagogía educativa cree que actualmente existen múltiples formas para implementar el pensamiento y que ayudan a la población a «mejorar su forma de pensar». Swartz ha desvelado a su vez que la sociedad no sabe usar su mente por culpa, principalmente, de la escuela del siglo XXI, en la cual -aunque es completamente diferente a la de siglos anteriores- no se cambia la forma de educar a los más jóvenes.
Como solución para hacer que este dantesco porcentaje se reduzca, Swartz propone fomentar la comunicación desde la infancia, pues más de un 99% de los problemas del ser humano tienen un origen lingüístico. Por otro lado, considera que los colegios deben crear «sujetos activos» a la hora de aprender, y no pasivos. Es decir, capaces de pensar de manera crítica y no limitándose a recibir información. La clave, según él, radicaría en enseñar a las nuevas generaciones a «pensar de forma crítica».
En esta misma línea, Swartz cree que hay que fomentar la empatía en los más pequeños para que aprendan a valorar la opinión del otro, el trabajo en equipo y que sepan amoldarse a la mayoría.

domingo, 28 de junio de 2015

REGALOS QUE SE RECHAZAN

Había un profesor comprometido y estricto, pero muy reconocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo. Un cierto día, al terminar las clases, y mientras organizaba unos documentos encima de su escritorio, uno de sus alumnos se le acercó y en forma desafiante le dijo: 

—Profesor, lo que más me alegra de haber terminado las clases es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré dejar de ver su fastidiosa cara. 

El alumno estaba erguido y arrogante, esperando que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró de frente al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó: 

—Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes? 
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El alumno quedó desconcertado por la inesperada pregunta y no pudo más que contestar: 

—Por supuesto que no —repuso en forma aprensiva y fría. 

—Bueno —prosiguió el profesor—, cuando alguien intenta ofenderme, o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo (en este caso una emoción de rabia y rencor) que yo puedo decidir aceptar o no aceptar. 

—No entiendo a qué se refiere —replicó el alumno confundido. 

—Muy sencillo —dijo el profesor—: tú me estás ofreciendo rabia y desprecio; y si yo me siento ofendido, o me pongo furioso, estaré aceptando tus emociones como un regalo. Y yo, mi amigo, en verdad prefiero obsequiarme mi propia serenidad. 

Enseguida añadió: 

—Muchacho, tu rabia pasará; pero no trates de dejarla conmigo como si fuera un regalo porque no me interesa guardarla. Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón, pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.

¿Somos dueños o esclavos de nuestros sentimientos? 

Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué clase de emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón; y lo que elijas lo tendrás, hasta que decidas cambiarlo.

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte